lunes, 08 de agosto del 2022

El contundente efecto de las vacunas versus la ceguera científica y la conspiración

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Josep Herrera
Josep Herrera
Periodista Journalist Press                                                                                                                                                                             diariolasrepublicas@gmail.com
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El rechazo a las vacunas es tan antiguo como los efectos positivos que ha generado en la salud de la población. Gracias a las redes sociales ahora este tipo de movimiento, mayoritariamente individual es noticia, por el altavoz social que suponen. Lo cierto es que la barrera ideológica, el credo, la filosofía o como quiera llamársele referente al tema de la vacunas, que separa uno del otro, no es tan gruesa como se cree. Ambos creen en el virus, pero no en tema de las vacunas, menos aún que tenga que se tengan que vulnerar derechos para su implantación.

Este movimiento no entiende de nacionalidades o continentes. “Nosotros le llamamos ´Plandemia´ porque te lleva a una dictadura, a una segregación y a las vacunas que son altamente tóxicas”. Estas fueron algunas de las declaraciones que la prensa nacional registró en la Plaza Ñuñoa, en el oriente de la ciudad de Santiago de Chile, el pasado 14 de agosto cuando un grupo de 150 personas llegaron a manifestarse en contra de las medidas sanitarias.

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Los movimientos antivacunas como el que estamos siendo testigos no es nuevo con la llegada de la Covid-19 y sus diferentes variantes. En la Inglaterra de 1869, nació la Liga Antivacunas de Leicester, 71 años después de que Edward Jenner lograra probar que al inocular una dosis leve de viruela bovina o vacuna (de allí su nombre), se generaba protección contra la viruela humana.

Con solo dos cadenas de ADN, la viruela era capaz de enfermar únicamente al ser humano que haya aspirado pequeñas gotas de saliva infectadas. La temperatura aumentaba y aparecían ampollas que terminaban siendo pústulas muy dolorosas que no solo cubrían la piel sino también el interior de los pulmones, el estómago, los intestinos y, prácticamente todo el cuerpo. El más mínimo movimiento hacía que las erupciones sangraran y producían mucho dolor y malestar.

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Pese a lo devastadora de la enfermedad y a que la vacuna de Jenner sí mostró efectos positivos, “se erigieron voces que cuestionaban la efectividad de las vacunas y uno de los casos más populares fue una serie de informes desfavorables relativos a la vacunación en Ringwood, Inglaterra”.

Así lo plantea una investigación histórica recientemente concluida por un equipo compuesto por el Doctor Gonzalo Salas Contreras, de la Escuela de Psicología de la Universidad Católica del Maule (UCM), el destacado filósofo esloveno Slavoj Žižek, y los investigadores Nicol A. Barria-Asenjo, Hernán Scholten, Jamadier Uribe y Juan David Millán, este último en el Doctorado de Psicología de la UCM.

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En esta investigación se señala que, “para dar respuesta a las calumnias y falsedades que circulaban, The Royal Jennerian Society publicó en 1803, The Vaccine Scourge (El azote de las vacunas) donde se argumentaba que muchos de los infectados y muertos por viruela la habían contraído antes de la inoculación con la vacuna”.

“También en Europa, la Academia Francesa de Ciencias fue una de las instituciones científicas más escépticas y en 1847 todas las revistas científicas en ese país retomaron y citaron como un mantra el hecho que comprobó el doctor Serres del Hospital de la Pitié en Francia respecto a que, en 1825, 25 de las 162 personas vacunadas murieron de viruela”. Así lo consigna esta investigación en la cual se añade que, “en adelante, se produjo, una lucha en torno a los números y la aritmética”.

Los investigadores recuerdan que “Russel Wallace, importante detractor de las vacunas afirmó que las leyes sobre vacunación han sido obtenidas por medio de afirmaciones totalmente falsas y de promesas jamás cumplidas, lo cual visualizaba como un grosero atropello a la libertad individual y argüía que la vacuna es uno de aquellos ´terribles errores que, en sus vastas y fatales consecuencias, son más funestos que el mayor de los crímenes´. Este manuscrito, denominado ‘La vacuna es un engaño, su imposición, ¡un crimen!’, trajo una visión diferente.

Más de tres siglos después, los efectos de la vacuna fueron juzgados por la historia con un hecho irrefutable: la viruela fue declarada erradicada en 1980 por la Organización Mundial de la Salud (OMS), luego de un plan de vacunación mundial liderado por la entonces Unión Soviética y que demostró al mundo que las tendencias políticas debían quedar en segundo plano para exterminar una infección que, únicamente en el siglo XX, mató a 500 millones de personas.

Desde ese entonces nadie volvió a contraer la enfermedad y se logró inmunidad colectiva. Lo demuestran cifras mundiales de las cuales la propia población es testigo. Así las cosas, las vacunas mostraron su efecto, pero ¿Dónde están las pruebas de aquellos que calificaron la vacunación como un “crimen”, un “engaño” y una “mentira”?

Conspiración vs realidad

El Dr. Gonzalo Salas, explica que el movimiento antivacunas tiene, al menos, dos vías: “una militante y una dubitativa”. La primera, “tiene una posición basada en teorías conspirativas, creencias irracionales basadas en la desconfianza hacia la medicina, lo cual genera una tecnofobia y un sentimiento anti-científico, por lo cual rechazan la vacunación en todas sus letras. La vía militante olvida totalmente que antes de las vacunas, la población se moría masivamente de sarampión, viruela, etc. A ellos será imposible convencerles de vacunarse”.

La otra vía, continúa Salas, “es más silenciosa, dubitativa, aunque también se resiste. En ambos casos, si la gente no se vacuna no se logrará la inmunidad de rebaño y no es posible bajar la guardia. Las vacunas son la principal forma de prevenir las enfermedades ya que reducen la morbilidad y mortalidad de forma efectiva y, en este caso, es la vía principal para detener el avance de la Covid-19”.

Si bien, la viruela ha sido la única enfermedad erradicada hasta el momento, muchas otras infecciones han logrado controlarse con la vacunación. Según la página web oficial del Ministerio de Salud, “el último caso de poliomielitis detectado en América se presentó en Perú en 1991. En Chile, no hay casos desde 1975 y en 1994 la Comisión Internacional para la Certificación de la Erradicación de la Poliomielitis declaró la inexistencia de esta enfermedad para toda América”.

El sarampión también es otro de los casos y aunque mundialmente aún está lejos de eliminarse, la situación era mucho peor antes de 1963 cuando se introdujo la vacuna. En ese momento, había epidemias cada dos o tres años. De acuerdo con la información ministerial, “en Chile, esta enfermedad ha sido eliminada gracias a las vacunas que se aplican desde hace más de 20 años. Los brotes se han presentado por el contagio de personas infectadas provenientes del extranjero y han sido controlados con éxito, lo que demuestra que esta enfermedad sigue siendo una amenaza”.

Pese a la evidencia y a que muchos de los antivacunas no padecieron, y no padecerán, de viruela, polio o sarampión; el rechazo continúa, según los expertos por una ceguera a la evidencia científica.

Gonzalo Salas en su estudio cita a Markus Gabriel, filósofo y académico de la Universidad de Bonn, Alemania, quien en 2021 ante el inicio de la vacunación masiva contra la Covid-19 situó el siguiente dilema: “si, al fin y al cabo, una dosis de vacuna no es más peligrosa que una pastilla de aspirina, ¿cómo pueden existir antivacunas empedernidos que, a pesar de innumerables estudios, se niegan obstinadamente a vacunarse?”.

En su trabajo de investigación, este galardonado psicólogo sobre el tema de las vacunas indica que “de esta forma, sitúa el problema del lado de la ceguera a la evidencia científica, afirmando que la reticencia a vacunarse desaparece si las personas dedican parte de su tiempo a informarse”. ¿Será verdad?

 

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