sábado, 08 de octubre del 2022

Las tertulianos de Ferreras atacan la exclusiva de Público sobre los atentados de Barcelona

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Luis Gonzalo Segura
Luis Gonzalo Segura
Exteniente del Ejército de Tierra (expulsado por denunciar presuntos casos de corrupción). Autor de Un paso al frente, Código rojo, El libro negro del ejército español y En la guarida de la bestia.
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En los últimos días, varios tertulianos de Ferreras —Elisa Beni o Antonio Maestre— han atacado la exclusiva de Carlos Enrique Bayo en Público sobre Abdelbaki Es Satty, el Imán de Ripoll y responsable de los atentados de Barcelona y Cambrils en 2017. En el aquelarre protagonizado en las redes sociales se ha llegado incluso a agredir la reputación tanto del periodista —y de su familia— como del medio, algo muy habitual cuando se pretende erosionar una información, tanto como infame cuando los protagonistas son también periodistas. Desacreditado el medio y el periodista, desacreditada la noticia.

Las informaciones ofrecidas en exclusiva por Carlos Enrique Bayo en Público —en base a pruebas y a confidencias de fuentes que, obviamente, no puede revelarse por su propia seguridad y así lo explica el periodista en la exclusiva— muestran, entre otros aspectos, que el principal responsable de los atentados de Barcelona y Cambrils de agosto de 2017 en los que murieron 16 personas y resultaron heridas otras 137 (a los que hay que sumar los ocho terroristas muertos y los 15 heridos en Alcanar), el terrorista Abdelbaki Es Satty, fue colaborador de los servicios de inteligencia españoles, el CNI, hasta el mismo día del atentado. Información de una gravedad extrema.

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Con posterioridad a la publicación de la exclusiva, diferentes tertulianos al servicio de Ferreras, el mismo que alimenta económica y mediáticamente las cloacas mediáticas y participa de comidas conspirativas con  Mauricio Casals, Adrián de la Joya y el tristemente famoso Comisario Villarejo —el primero imputado en el caso de coacciones a Cristina Cifuentes y los dos siguientes en prisión—, han lanzado virulentos ataques, en algunos casos con formas y golpes bajos que recuerdan más a una guerra sucia que a lo que se debería esperar de profesionales del periodismo, con ánimo de desacreditar al periodista, al medio y en última instancia a la noticia.

La importancia de las revelaciones

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Que el terrorista Es Satty hubiera sido confidente de los servicios de inteligencia españoles sitúa tanto a estos como al Estado español en una situación muy difícil. Pues que ello hubiera sido posible solo puede achacarse a una grave negligencia o a la participación del Estado español en una operación para permitir un atentado terrorista en Catalunya con intención de que este provocara el fin de los anhelos independentistas de millones de catalanes. Extremo este último, negado por el propio Carlos Enrique Bayo en la sesión del 23 de julio en la Comisión del Parlament sobre los atentados.

Cualquiera de ambos extremos, tanto el factible como el improbable, obliga a la apertura de las correspondientes investigaciones, judiciales y políticas, y lo más importante, deja en muy mal lugar al hasta ahora único relator de lo sucedido, el CNI, en cuyos informes se han basado políticos y periodistas para descartar cualquier tipo de teoría al margen de la oficial. Pero si los servicios de inteligencia fueron confidentes de Es Satty hasta el mismo día del atentado ya no son parte imparcial de los acontecimientos, sino parte interesada, al menos en ocultar su negligencia, lo que les incapacita como testigos o relatores de lo acontecido.

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Además, esta —como mínimo— negligencia se une a un historial cuanto menos tétrico, pues ni los servicios de inteligencia españoles son de los que cuentan con un historial ejemplar (Corinna, Bárbara Rey, Juan Carlos I,…) ni el Estado español ha sido ajeno a acciones cuanto menos reprobables (GAL, Cloacas de Interior, torturas,…) ni la justicia española ha destacado por su eficacia (ocho condenas por tortura del TEDH, doctrina Parot, GAL,…). Ello cuando no se produce un batiburrillo y magistrados como Grande Marlaska o Margarita Robles terminan como ministros.

En definitiva, el caso en sí mismo ya merecía atención mediática y una investigación en profundidad, tanto a nivel jurídico como político, pero estas revelaciones deberían haber sido suficientes como para sacudir al país, que los medios pusieran el foco en el caso y que ello provocara las correspondientes investigaciones. Lejos de ello, como suele ocurrir en España, lo que acontecido ha sido todo lo contrario: la caza al denunciante, en este caso, Carlos Enrique Bayo y Público. Caza protagonizada por periodistas tertulianos de Ferreras. Y silencio. Un silencio desgarrador.

La inconsistencia de Elisa Beni

En toda esta historia yo fui un daño colateral, de hecho, reconozco que, hasta un determinado momento en el que alcé la vista para otear el horizonte tuitero, no supe que estaba en mitad de una operación —aparentemente coordinada— de los tertulianos de Ferreras para dinamitar una información tan grave como importante. Tertulianos que, a pesar de los escrúpulos mostrados con las informaciones de Público, poco o nada tienen que objetar a las maquiavélicas maniobras de sus patrones —Ferreras y Casals— o a los miserables compañeros de tertulias que ensucian el periodismo y el país —Marhuenda, Inda,…—.

Así, tras publicar un tuit el pasado viernes 19 de julio en el que exigía la apertura de las correspondientes investigaciones para determinar si lo informado respondía a una negligencia o a una operación terrorista de Estado y en cualquiera de los casos que se depuraran responsabilidades, recibí un mensaje en mi muro de Twitter de Elisa Beni en el que calificaba como “chorradas” tanto la información ya referida como la petición. Algo cuanto menos inusual. Sus dos primeros tuits fueron apoyados por Antonio Maestre, otro de los tertulianos que participó de la operación.

Poco después se produjo un intercambio de mensajes en el que Elisa Beni aseguró que las informaciones de Público correspondían a “una utilización política del terror”. Acusación de extrema gravedad. Además, todo ello aconteció en un tono de superioridad moral e intelectual, invitándome incluso a pensar, lo que para alguien que cobra de las cloacas de Ferreras y Casals —algo que oportunamente le recordé— y no parece guardar una buena relación ni con las comas ni con los acentos se antoja excesivo.

Este exmilitar no es un ilustrado, es evidente, y sus carencias están a la vista, pero los comportamientos basados en la superioridad son igual de deleznables cuando acontecen en el terreno físico como en el intelectual y solo denotan graves carencias argumentativas. Porque lo cierto es que Elisa no presentó ningún argumento salvo insinuar sus pasadas relaciones conyugales, como si ello ya tuviera categoría de doctorado.

Llegados a este punto, me parece necesario reseñar que no se trataba, en todo caso, de una publicación que Elisa Beni hubiera realizado en su Twitter, sino que se movilizó para atacar las publicaciones de los demás. Este aspecto es relevante porque sigue el mismo patrón de otros movimientos y demuestra que hubo una intención de atacar la información y una coordinación casual u organizada. No se trató de una opinión en su propio Twitter sobre el tema, sino de una acción en comentarios ajenos. Lo mismo le ocurrió a Carlos Enrique Bayo, que fue atacado por Antonio Maestre, otro tertuliano de Ferreras.

La búsqueda de Antonio Maestre

Antonio Maestre mantuvo un duro intercambio de tuits con Carlos Enrique Bayo, al que atacó utilizando golpes bajos, rebuscando en su historial y en el de Público. El ardor guerrero, que es de suponer procede de la mano que le da de comer, le llevó a intentar desacreditar tanto al periodista como al medio, con los que es sabido que no guarda buena relación desde hace ya años, con la afirmación de que Público estaba condenado por una información falsa. Extremo que habría podido comprobar como inexacto en el caso de haber hecho la mínima labor de confirmación de la información con varias fuentes, especialmente consultando a los afectados, algo que a un periodista de su categoría se le debería exigir, pero la batalla es la batalla y las guerras sucias son… sucias. Así que lo de cotejar la información no venía a cuento en ese momento y no contento con ello afirmó que Carlos Enrique Bayo no era de fiar. 

El viernes terminaba calentito.

El guante blanco de Ignacio Escolar y las réplicas de Ana Pardo de Vera y Carlos Enrique Bayo

Ya el sábado se incorporó a la contienda Ignacio Escolar forzado por las bajas y las protestas de los socios de Eldiario, muchos de los cuales no comprenden que la información de Público no hubiera sido difundida. Y efectivamente tienen razón. La información debería haberse replicado, aunque hubiera sido con precaución, pues la ciudadanía merecía saber de la misma, especialmente porque la reputación tanto de Público como de Carlos Enrique Bayo es intachable, por mucho que Antonio Maestre se empeñe en lo contrario. Hablamos de más de 10 años y más de 40 años de periodismo, respectivamente. Si algo han demostrado ambos es que aman su profesión y verifican la información que publican, especialmente en un asunto de tanta relevancia. Las réplicas de Ana Pardo de Vera y Carlos Enrique Bayo son contundentes y, en mi opinión, definitivas.

Escolar, en su defensa, llegó a comparar difusamente a Público con El Mundo y el 11-M, comparación cuanto menos injusta y que también usó de forma velada Elisa Beni. Escolar, como le ocurre a muchos otros directores de medios, proclama que su medio es independiente y, seguramente en un momento dado lo fue, pero no cabe duda que la participación en las tertulias televisivas ha supuesto una merma más que considerable a su independencia, puesto que no deja de suponer cobrar de los que ostentan el poder —IBEX 35– por medio de sus intermediarios —Ferreras y Casals— y obtener una cuota de visibilidad y difusión de otra forma inalcanzable.

Por ello, los silencios de Eldiario en determinados momentos están causando molestias en sus lectores y en sus suscriptores, lo que se debe a que Escolar tiene una manta con la que en muchas ocasiones calienta a los suscriptores o a Ferreras y el poder, pero a ambas es imposible. Y suele decidirse por Ferreras y el poder. No es un caso único.

Recordemos las informaciones relativas a las Cloacas de Interior, exclusiva de Público, silenciadas por la mayoría de medios de este país hasta que no les quedó más remedio que hacerlas públicas. Sus lectores las leyeron con varios años de retraso. Y ahí está el propio documental sobre las Cloacas, que solo se pudo ver en las televisiones catalana y vasca, así como en las redes sociales, porque Ferreras y Casals vetaron su emisión en La Sexta. Más periodismo.

No es el único ejemplo de Más periodismo, la lista es interminable. Ferreras estuvo durante días informando sobre el escándalo destapado por Público en el caso de las grabaciones al entonces ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, sin citar al medio y llamando a Eduardo Inda para que las comentara. ¡A Inda!.

Otra infamia similar aconteció cuando Público informó sobre la ‘policía para ricos’, las cuales no existieron en los medios hasta que se destapó el escándalo del ex director del BBVA, Francisco González. La existencia de la ‘policía para ricos’ la supieron los lectores de Público cuantiosos meses antes que el resto.

Curiosamente, el Más periodismo de Ferreras no genera incomodidad alguna a Escolar, Beni o Maestre.

Los ataques personales a Carlos Enrique Bayo: de ETA y de los GAL, todo junto

Pero es que, además, Carlos Enrique Bayo posee un currículum inigualable: director de Público (2012-2016), corresponsal en Moscú (1987-1992) y Washington (1992-1996), máximo responsable de internacional de cinco periódicos distintos, enviado especial en los conflictos de Afganistán, Camboya, Oriente Próximo y Armenia-Azerbaiyán y narrador en persona de eventos históricos como la caída del Muero de Berlín, la matanza de Tiananmen o media docena de cumbres mundiales entre líderes de potencias mundiales. Y solo es un esbozo. De hecho, no es casual que Julian Assange firmara un acuerdo de colaboración con él cuando le traicionaron los medios españoles que en principio iban a informar sobre WikiLeaks. Ya saben, El País y todo eso.

Como bien explica el propio Carlos Enrique Bayo, por si queda alguna duda, goza del reconocimiento internacional gracias a la ‘garganta profunda’ conseguida en la DEA en sus años en Estados Unidos que llevaron incluso a preguntar por ellas en una reunión entre los presidentes de México y Estados Unidos. Y si alguien duda de su prestigio y el de Público, ahí están las informaciones, todas verídicas, que en los últimos años han destapado sobre las ya mencionadas Cloacas de Interior. 

Pues bien, Carlos Enrique Bayo ha sufrido ataques que, de tan variados como son, resultan como mínimo contradictorios: ocultar los GAL y cooperar ‘genéticamente’ con ETA por medio de sus progenitores. Casi nada. Y es que cuando las cloacas se movilizan lo que pretenden es ensuciar sin importar mucho ni el resultado final ni la coherencia. 

Alfonso Rojo y Manuel Cerdán en la misma trinchera que Ignacio Escolar, Elisa Beni o Antonio Maestre. Cosas de la vida… y de Ferreras.

Todos son tertulianos de Ferreras

Porque los participantes de esta ‘operación de Estado’ para derribar la información de Público guardan relación con Ferreras, detalle que no debe pasarse por alto. Ferreras, el amigo de Florentino y Zapatero, el brazo armado de Mauricio Casals, el paladín del IBEX-35, el Caballo de Troya en la Izquierda, el sustento del Golpe de Estado al PSOE en 2016, el empleado de la familia Crehueras… Sí, el padre de la hija que hace poco se casó con un banquero y en su boda, con medio Establishment invitado, Florentino incluido, se coreó el Novio de la Muerte como si aquello fuera una reunión de neonazis. 

Ferreras es el novio del poder, el capo de las cloacas, a las que alimenta y financia, el asalariado del IBEX-35 y el elemento clave en la infame cacería a Público y a Carlos Enrique Bayo.


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