lunes, 15 de agosto del 2022

Cuarenta años sin estatuto para los artistas españoles

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Beatriz Talegón
Beatriz Talegón
(Madrid, 5-5-1983) Licenciada en Derecho por la UAH, estudios en economía del desarrollo por la LSE en Pekin. Analista política. Ex Secretaria General de la Unión Internacional de Jóvenes Socialistas Actualmente colabora como analista política en distintos medios de comunicación (prensa escrita, radio y televisión).
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La pandemia del Covid-19 ha levantado las faldas de prácticamente todos los países del mundo. Ha dejado ver los rotos, los descosidos y las enormes lagunas de los diferentes sistemas, dejando desprotegidas y a la intemperie a millones de personas.

En cada Estado se da una realidad. Y a cada uno le toca ahora ponerse a hacer los deberes que tenía pendientes. El teletrabajo, la transición a la economía basada en la ecología, el autocuidado, la alimentación, la salud, pero también la educación adaptada a la nueva realidad tecnológica, la despoblación rural, y qué duda cabe, la desprotección de muchos ámbitos laborales. Entre ellos, el sector de la cultura.

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El cierre de actividades culturales, los confinamientos, las limitaciones de reunión, las medidas de seguridad para hacer posible la reapertura han supuesto un varapalo para las industrias creativas, para los autores, los intérpretes y para todos los empresarios que viven de la cultura.

Ya en 1980 la UNESCO hizo pública una Recomendación, de esas que pocos cumplen, donde subrayaba la importancia de elaborar marcos normativos por parte de los Estados para mejorar las condiciones profesionales, sociales y económicas de los artistas. Según recoge hoy El País, desde aquel entonces, no hemos avanzado mucho. «La Crisis del Covid-19 ha puesto de nuevo de manifiesto que la situación de desprotección de los profesionales de la cultura sigue siendo tan evidente como hace cuarenta años. El desarrollo de modelos de contratos, las coberturas de la seguridad social, la asistencia sanitaria, siguen en los mismos niveles de desprotección para las personas que se dedican a la creación de nuestra cultura», señala.

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En 2020 el Parlamento Europeo siguió los pasos de la UNESCO. Aprobó una resolución para la recuperación del sector cultural de sus Estados miembro donde se solicita a la Comisión Europea que tome medidas para proteger al sector de las Industrias Culturales y Creativas. Todo esto no es más que un brindis al sol, una invitación al debate, al análisis, pero poco más porque en el ámbito cultural, la UE no tiene competencias asumidas, son de cada Estado Miembro. 

En diferentes países europeos durante la pandemia se ha garantizado un ingreso mínimo para los artistas y creadores. Ha sido la única manera de sobrevivir que han tenido en un momento en el que no han podido vivir de sus obras ofreciéndolas al público.

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En otros, como en España su situación ha sido mucho más complicada, puesto que la falta de regulación en muchos casos los deja en el vacío. Y por eso ha habido músicos, actores, escritores, compositores que se han pasado este último tiempo con el agua al cuello. Sin conciertos, sin poder presentar sus libros, ni sus discos, ni sus obras teatrales. Y cero ingresos.

En un país donde aquello de la cultura se considera «ocio», a veces lujo, e incluso a veces algo que hacen los artistas porque les gusta, pero no se entiende como una forma de vida que debe ser digna, segura y con garantías, es complicado avanzar. Y es sorprendente siendo un país que fundamentalmente vive del turismo.

Llama la atención cómo los principales sectores del ámbito cultural y de la hostelería, que es lo más consumido por quienes vienen a visitarnos, estén tan desprotegidos y en condiciones tan precarias, cuando precisamente, España bien podría ofrecer servicios de calidad inigualables, en un entorno sin comparación dentro de la UE, garantizando por encima de todo la seguridad laboral de sus profesionales.

La elaboración del Estatuto del Artista está dentro de la lista de cosas a hacer en el Plan de Recuperación, Transformación y Resilencia. Es el punto 24. Pero de momento ahí está. Se abordará desde el ministerio de Cultura y Deportes. Que, por cierto, otra evidencia del poco valor que se le da a la cultura en este país, al ponerlo en el mismo lugar que el Deporte, cuando nada tienen que ver. Es como si fueran las asignaturas «María» de la escuela. Sigue teniéndose esa misma mentalidad, y así nos va. Cuando la Cultura bien merece un ministerio propio, un desarrollo holístico que aborde, de verdad, desde el ámbito formativo, al ámbito profesional, así como el empresarial. No hay nada por el momento que ponga en valor el trabajo que hay detrás de nuestros artistas, su dedicación, su entrega y su valía.

Es ridículo tener que explicar la importancia de la Cultura en una sociedad. Por los conocimientos que aporta, por la frescura, la libertad, la capacidad de hacernos observar lo bello, pero también lo que nos da miedo, lo que nos escandaliza, lo que nos evade. La Cultura es esencial en nuestras vidas y poco se promueve para que resulte accesible para todos, para que pueda tener un sustento y sea una manera de vida tan digna como otras para las que haya que esforzarse, por lo menos, lo mismo.

Por todo esto, entre otras cuestiones, el Congreso urge acabar con el Estatuto del Artista cuanto antes, después de tres años elaborando su redacción. 

Casi un millón de personas trabajan, de manera declarada, en las industrias culturales en España. Hay que contar con cientos de miles que trabajan en ellas pero que la precariedad laboral que sufren no cuenta con ellos ni para los números. Una dejadez que ha sido vista por ejemplo en la falta de concreción del Decreto de Ayudas a la Cultura por la pandemia, o la falta de interés por el desarrollo de la Ley de Mecenazgo. 

Hasta ahora, el Estatuto del Artista ha sido debatido en el año 2017 en el Congreso y en el pacto de 2018 se quedó anclado. En él se reconocían derechos para los artistas jubilados, se hablaba de la rebaja del IVA en el ámbito cultural al 10% (no sólo al producto final sino a todo lo que suponga tener que adquirir bienes para el proceso creativo). Pero faltan cuestiones por abordar que son fundamentales: como las medidas sanitarias como el reconocimiento de las enfermedades profesionales: los músicos que padecen enfermedades invalidantes, lo tienen muy difícil para encontrar reconocimiento de su invalidez para ejercer su profesión.

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