viernes, 12 de agosto del 2022

El nido de amor de lujo en el que el rey Juan Carlos disfrutaba con otra de sus amantes en Madrid

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Josep Herrera
Josep Herrera
Periodista Journalist Press                                                                                                                                                                             diariolasrepublicas@gmail.com
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Los escándalos del actual patriarca de los Borbones siguen saliendo a la luz, no solamente desde el terreno fiscal, sino también de sus andanzas sexuales. Sabido es que la lista de amantes de Juan Carlos I es numerosa, entre las más destacadas Corinna Larsen, pero además es relevante la figura de Marta Gayá. Ambos vivieron su amor en Mallorca, isla que les unió, en Ginebra, ciudad de residencia de ella, Irlanda… y también en Madrid, en un lujoso ático que fue propiedad de Gayá -que se sepa-.

Ha sido en El programa del verano de Telecinco, quien ha dado esta semana todos los detalles del nido de amor en la capital del emérito y Marta Gayá. Se trata de un lujoso inmueble en la céntrica calle de Fuencarral situado en una finca señorial de seis plantas. La mallorquina adquirió este ático de 150 metros cuadrados (130 de vivienda y dos terrazas) a finales de la década de los 90 y lo conservó hasta 2015, aproximadamente. Algo que los medios de comunicación afines al régimen monárquico del 78 conocían a la perfección y han callado hasta ahora.

Los amantes, Marta Gayá y Juan Carlos I.
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“Según los vecinos, Marta pasaba cortas temporadas en la capital y llevaba una vida muy discreta. Simplemente venía a hacer escala pues desde Suiza, que vive parte del año allí, y la otra parte en Mallorca. A final de la década del 2000, Marta dejó de venir, coincidiendo con el momento Corinna y sus visitas se distanciaron”, explicó el colaborar del programa de Telecinco. El inmueble consta de un vistoso torreón, donde se encuentra el salón-comedor, dos terrazas, donde se celebraban fiestas y reuniones, un dormitorio en suite con un amplio vestidor y baño, y una pequeña cocina.

Por su parte, una amiga cerca de una de las empleadas del hogar reconoció la discreción de Gayá: “Cada tres meses venía una semana, tres o cuatro días y se iba. Ella viajaba constantemente entre Suiza y Palma. Marta le decía ‘prepara el salón, trae hielo’, pero ver al rey nunca”. Los vecinos también han asegurado que “llamaba mucho la atención la constante presencia de coches oficiales con las lunas tintadas”. Jimmy Jiménez-Arnau, también en el plató, comentaba que a Juan Carlos y a Marta “les subían la comida de un clásico restaurante de Madrid, que estaba justo detrás del ático”. Y así una tras otra…

El ático de este lujoso inmueble donde se celebraban los encuentros entre el rey Juan Carlos I y una de sus amantes, Marta Gayá.
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