Los síntomas del consumo de información adulterada

¿Es usted de los que piensan que Arnaldo Otegi es un terrorista sanguinario que ha estado en la cárcel por delitos de sangre como terrorista de la ETA?
¿Es usted de los que piensan que los independentistas son terroristas por definición?
¿Piensa usted que Carles Puigdemont es un cobarde, un fugado, un huído de la justicia?
¿Cree usted que Pablo Iglesias es un comunista, sucio y maloliente que ha sido financiado por grupos terroristas extranjeros para romper España?
¿Considera usted que el rey Juan Carlos I es una figura a la que solamente le debemos agradecimiento por habernos dado la democracia y el Estado de Derecho?
¿Piensa que el 23F Juan Carlos nos salvó de un golpe militar?
¿Cree usted que no nos hace falta saber más sobre los GAL, pues ya está todo juzgado y los responsables ya pagaron su condena?
¿Considera que poner urnas aunque sea de manera desobediente, debe conllevar penas de prisión de más de diez años, mientras delitos de sangre financiados con fondos reservados no?
¿Piensa usted que Venezuela y Cuba son lugares inmundos, donde la gente no tiene derechos, muere de hambre y sufren terribles dictaduras, a pesar de no haber estado usted jamás allí?
No se preocupe, que podríamos seguir y probablemente en muchas de estas afirmaciones esté de acuerdo. ¿Se ha planteado por qué piensa usted las cosas que piensa? ¿De dónde emanan estas ideas, incluso sobre lugares que usted no conoce y jamás ha visitado?
Lamento decirle que no, que no es porque usted sea especialmente inteligente (que seguro que lo es). No es porque le lleguen a su cabeza ideas de manera mágica, de pronto, como si siempre hubieran estado allí. No.
El orígen de estas ideas, que por mucha opinión que pueda tener, no se fundamentan en ningún tipo de realidad contrastable, emana de los medios de información que usted consume. Es como comer alimentos adulterados, en mal estado: le producirán problemas de salud. En este caso, de salud democrática, puesto que habrá comprobado que en algunos casos, con aquellas personas que consumen los mismos medios que usted, no hay lugar a la discusión. Pero si de pronto usted se encuentra con una persona que se informa de otra manera, es decir, contrastando la información, habrá comprobado cómo la discusión se vuelve cada vez más radical. Será entonces cuando, seguramente, usted no tenga más argumentos que poner sobre la mesa, puesto que la información que ha consumido no le ha dispensado ninguna herramienta que le permita sostenerla más allá del titular fácil o del insulto.
Hoy, sin ir más lejos, la Cadena Ser se ha centrado desde primera hora de la mañana en atizar a Unidas Podemos. En encabronar a sus radioyentes sin sentido contra Pablo Iglesias y su formación. Sí, como lo está leyendo: porque ahora hay que atacar a los que pretenden plantar cara a toda esta cantidad de porquería. El debate no era sobre la huída del rey, no. El debate era sobre los pecados de Podemos.
Ellos marcan la agenda, ellos ponen la idea en su cabeza y ahí es donde germina. Por eso, cuando pasa lo que pasó ayer, cuando el rey se marcha, aquí el personal se pone a mirar el dedo en lugar de la luna. No por decisión propia, no. Esto forma parte de lo mismo de siempre, lo que viene ocurriendo estos últimos cuarenta años (por lo menos).
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