domingo, 05 de febrero del 2023

Colas de la vergüenza

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Ya no es el economato, dónde se podía comprar unos céntimos más barato. Ahora es el banco, dónde guardar algo de dinero, dónde cobrar la nómina y pagar la luz, ambos hechos forzados por el sistema, nos cuesta unos euros más. De – céntimos de peseta a + euros. Hasta siete están cobrando algunos por hacer el ingreso y cien al año por mantener abierta la cuenta, es que no trae cuenta. No será porque no les interese pescar dinero, que ese es su negocio y bien que lo defienden. No sólo por los siete euros –también-. También por lo que buscan con esos siete euros y con cualquier cifra cobrada –devengada, dicen, será que con ello se vengan, aunque quienes deberíamos “venirnos” somos los usuarios y dejar los bancos vacíos de dinero-. Porque su fin es mucho más que esos siete euros multiplicados por los miles de sufridos “clientes” obligados a ver detraído –más bien “de-llevado”-, su dinero, que para algo forzaron las fusiones y el desmantelamiento de las cajas de ahorros. El fin de la banca es echar gente de la ventanilla para poder cerrarla, ahí reside todo, incluido el aumento del sustancioso beneficio obtenido, sin recurrir a su negocio tradicional, que no es considerar “prestación de servicio” especular con el dinero de los demás. Y si lo fuera, más servicio presta el super, pero sólo nos cobra por lo que nos da. El negocio bancario nunca fue el cobrar a quienes le prestan su dinero, sino al revés: se cobra a quien recibe el préstamo. Se han trastocado los términos y se ha destrozado la palabra “cliente”. Tergiversadas y prostituidas; la palabra y el concepto.

Igual de tergiversado y prostituido que el cuento de “la oferta y la demanda”, cuando sólo hay oferta, mejor dicho, sólo la oferta tiene poder para imponerse, para eso sirven los oligopolios –igual el bancario que el de la venta y alquiler de viviendas-. Porque, aunque estén prohibidos en la UE, la trampa va implícita en la ley, como reza el dicho popular y cuentan con el apoyo y la bendición del gobierno y de la Junta, por permisividad y por sus leyes de segundo capítulo desmontador del primero.

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El gobierno no puede hacer más de lo que hace ¿cómo no van a proteger la especulación? Sería un contrasentido ir contra la propia práctica. Igual que las colas. El objetivo de la banca es ganar dinero sin vender, esto es, sin dar créditos más que al consumo mediante tarjetas, lo más rentable por su altísimo interés. Para eso han cerrado oficinas, han ahorrado locales y muchos miles de salarios, causa única de la “concentración”: para aumentar el control de la gente y acostumbrarlos a las colas en la calle, magnífico apoyo para enseñar a ser sumisos. La Junta tiene que proteger las colas, pues son los primeros en provocarla? Y eso que el “trifásico” venía a arreglarlo todo, pero han hecho cortocircuito. Ya los documentos no se pueden presentar en cualquier registro, que eso daba facilidades a la gente (¿qué se habrán creído? han pensado los “genios” de la programación avanzada). Ahora todo va a un solo registro, centralización para confundir y entretener, además con cita previa, hay que acostumbrar a la gente a esperar; que no tengan prisa, ¡a ver quién manda aquí! Todo sin avisar, para más “inri”, ¿para qué? mejor obligar a dar dos viajes. En vez de facilitar, entorpecer, esa es la doctrina de la Junta ¿de Andalucía? El caso es retrasar y confundir; porque, para remate del despropósito, quien debe recibir el documento “como hace teletrabajo” lo verá si le llegua. Ya veremos. “Ventajas” de la burocracia. ¡Anda que si llegan a venir a desarreglarlo todo…! Arreglados estamos. Apañaos.

El máximo exponente de las colas de la vergüenza, mejor dicho, del estricto racionamiento de ese color rojo incapaz de subir a sus rostros, está más visible en los centros del SAS. ¿Qué haría el morenismo-bendodiano si no hubiera “covid”? ¿Qué se inventarían? Lo que puede dar de sí un granito tan diminuto que ni millones juntos son visibles. Como al atendernos “nos hacen un favor” lo complican, más utilidad para obligar a la sumisón: ya hasta la cita para el especialista, ordenada por el médico de cabecera, va por teléfono. Vestíbulos vacíos y sillas anuladas y vergonzosa cola en plena calle a pleno sol, para recoger el botecito correspondiente, para luego esperar a que quieran descolgar el teléfono y que la misma persona que da el bote, o la de al lado, “otorgue” el honor de “conceder” una cita. (¿Es un “honor” o un horror?) Así que “para proteger” al “populacho” –continua vuelta atrás- hay que esperar en la calle y recoger un papelito con el número de teléfono (que responderán, o ya veremos). A ver si se nos explica la ventaja de cambiar contagios por contagios más lipotimias, que la calle ya supera los 50º C. Contra el contagio hay mascarillas. Contra las lipotimias y la tensión nerviosa ¿paciencia? ¿más?

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