viernes, 19 de agosto del 2022

La inmunidad ante COVID-19 podría tener solamente dos meses de duración, según un estudio

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Beatriz Talegón
Beatriz Talegón
(Madrid, 5-5-1983) Licenciada en Derecho por la UAH, estudios en economía del desarrollo por la LSE en Pekin. Analista política. Ex Secretaria General de la Unión Internacional de Jóvenes Socialistas Actualmente colabora como analista política en distintos medios de comunicación (prensa escrita, radio y televisión).
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La inmunidad se genera después de haber superado una enfermedad o, en caso de haberse puesto una vacuna. De esta manera el cuerpo desarrolla anticuerpos que le servirán para saber cómo actuar ante los primeros síntomas de la presencia del virus, consiguiendo así bloquearlo.

Pero, ¿qué sucede si nuestro cuerpo no desarrolla inmunidad ante un virus? Pues que podríamos volver a contagiarnos y a sufrir la enfermedad. Y eso, sin duda, es un problema teniendo en cuenta la situación que está generando, por ejemplo, el nuevo coronavirus.

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Si la inmunidad no estuviera asegurada después de haber superado la COVID-19, la vacuna también supondría dudas, puesto que carecería de utilidad, al no generar anticuerpos útiles contra el virus.

Precisamente, la Organización Mundial de la Salud ha avisado ya en reiteradas ocasiones del hecho: la inmunidad no estaba todavía asegurada, y en este sentido, no podían recomendar la creación de los pasaportes que algunos países y regiones querían poner en marcha. Esos pasaportes servirían para afirmar que la persona ya habría superado la enfermedad, dando por hecho que era inmune a contagiarse de nuevo, y por ende, también a contraerla de nuevo y contagiar a más gente. Sin embargo, como señalábamos, la OMS no lo ha recomendado en ningún momento, precisamente porque no se ha conseguido demostrar aún que se genere inmunidad ante este virus.

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Estudio sobre la reducción de anticuerpos

Según un estudio recién publicado en Nature Medicine, que puede consultar aquí, la presencia de anticuerpos se reduce considerablemente en el momento en que se produce la recuperación tras la infección. 

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El estudio afirma que la presencia de anticuerpos es más elevada en aquellas personas que sí tienen síntomas de la enfermedad (en un 83%), y menos marcada en las personas asintomáticas (un 81%).

 

La inmunidad que se genera al contraer la enfermedad, no dura mucho tiempo según el estudio. Concretamente, la presencia de anticuerpos empieza a reducirse a partir del segundo mes tras haberse infectado. En los asintomáticos, la reducción es del 70% de Igc, y en los sintomáticos, del 76%.

 

Esta podría ser una de las razones por las que no se puede hablar de «inmunidad de rebaño», ya que al no haber inmunidad duradera, el contagio no supondría «salvarse» de una nueva infección.

 

Según un experto en la materia consultado de manera directa para este artículo, «lo más efectivo será encontrar tratamientos para prevenir el contagio», tal y como sucede con el virus del SIDA.

 

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