martes, 16 de agosto del 2022

[REPORTAJE] «El coste de la fruta»: la realidad que esconde lo que comes

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Beatriz Talegón
Beatriz Talegón
(Madrid, 5-5-1983) Licenciada en Derecho por la UAH, estudios en economía del desarrollo por la LSE en Pekin. Analista política. Ex Secretaria General de la Unión Internacional de Jóvenes Socialistas Actualmente colabora como analista política en distintos medios de comunicación (prensa escrita, radio y televisión).
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FOTOS: Pablo Rogero @PabloRogero .– Los últimos meses, antes de la pandemia de COVID-19, las movilizaciones en el campo ocupaban los titulares de todos los medios de información españoles. Los agricultores salieron a cortar las carreteras mostrando su indignación a causa de la situación que se vive en el campo. Una pelota que saltaba de un lugar a otro: los agricultores cargaban contra el Gobierno, y éste responsabilizaba a las grandes cadenas de supermercados acusándolas de controlar el mercado. Éstas, a su vez, señalaban a la exportación como el origen del problema. 

El problema radica, entre otras cuestiones, en los precios. En el campo llevan 15 años estancados y sufren una gran volatilidad, mientras en los supermercados y en las aduanas no han dejado de subir. El beneficio, por lo tanto, no llega a los productores, y muchísimo menos a los trabajadores. 

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Desde el año 2005 los precios de exportación de fruta y verdura han subido entre un 25% y un 30% según los datos de la Secretaría de Estado de Comercio. En el campo se ha seguido vendiendo al mismo precio. 

La industria de procesado y conservación de frutas y verduras ha aumentado su precio de exportación un 29% entre 2005 y 2019, lo que significa que el precio de exportación de frutas y verduras ha crecido en este periodo por encima de la media del sector exportador, que viene señalado en el Indice de Precios de Exportación general, que ha subido un 18% en ese periodo. Concretamente 11 puntos menos que el sector de la fruta y la verdura. 

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En las aduanas ocurre algo parecido. La brecha es de 26,5 puntos: la exportación de frutas, verduras y hortalizas en volumen ha aumentado un 58% desde 2005 hasta 2019. Y sin embargo, los ingresos generados por estas ventas han aumentado un 85%: la brecha es paralela a la de los precios de la exportación. 

Aunque los precios de exportación se han reducido muy poco este último año, la brecha acumulada sigue siendo descomunal. Y lo más grave de este asunto es que los agricultores no han sentido absolutamente nada de estos beneficios. Es más, en algunos casos el agricultor está vendiendo por debajo del coste de producción. Esto implica la asfixia de la agricultura, la situación alarmante de la mano de obra, que son el último eslabón de la cadena a quien nadie escucha. 

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Y precisamente de esta cuestión es de la que Pablo Rogero y Clara Barbal nos hablan en un documental que no dejará a nadie impasible. «El coste de la fruta» pone el foco, precisamente, en la realidad que viven miles de personas que están trabajando en el campo en condiciones de absoluta miseria. 

Clara Barbal (1993) es periodista de formación y trabaja en el sector editorial. Ha colaborado en distintos medios de comunicación, entre otros La Directa. ‘El cost de la fruita’ es el primer documental que ha guionizado. 

Pablo Rogero (1979) es realizador audiovisual, combina sus trabajos como freelance y la docencia audiovisual con proyectos de cine documental como montador y director. «El cost de la fruita» es su tercer largometraje documental.

La situación que ha generado la pandemia de COVID-19 ha puesto todavía más de manifiesto, si cabe, la paupérrima situación que sufre el campo en nuestro país. En estos momentos los agricultores tratan captar parados e inmigrantes ante la falta de mano de obra. ¿Y por qué no hay mano de obra en un país asolado por el desempleo? 

El documental que aquí presentamos hoy nos da todas las claves para comprender cuál es la realidad que se esconde detrás de cada fruta, de cada verdura y hortaliza que está sobre nuestras mesas. 

«El cost de la fruita», un documental que pone el foco donde nadie quiere mirar -ni que miremos- 

«Los blancos no quieren este trabajo en el campo. Hay algunos de ellos, pero muy pocos. Nosotros, los africanos, somos los que hacemos este trabajo», dice un chico negro. Imágenes de pobreza, de personas legales que son tratadas como animales. Peor. 

Calor, habitáculos abandonados. Campesinos que pierden dinero saliendo a trabajar al campo. 

«Los de aquí no están dispuestos a hacer el trabajo tan duro que hacemos los inmigrantes. Y se olvidan de que nosotros también queremos un futuro mejor para nosotros y para nuestros hijos», dice una joven negra en un perfecto castellano. 

El coste de la fruta es un documental realizado por Pablo Rogero y Clara Barbal que nos muestra la realidad que nadie quiere conocer. La de las personas inmigrantes que vienen a hacer el trabajo que aquí nadie quiere hacer. 

No es un documental sobre ellos, sino que aquí son ellos los que hablan, los que explican en primera persona su realidad y la muestran. 

Este trabajo sigue la senda que trazó Francesc Serés en su libro «La pell de la frontera»

¿De dónde sale la idea de hacer este documental? ¿Cuándo y cómo empieza el proceso?

Nuestro proyecto arranca en marzo de 2018, que es cuando empezamos a recopilar información sobre el tema y a documentarnos a través de datos oficiales, pero también tirando de hemeroteca y del trabajo de asociaciones y colectivos que vienen denunciando la situación de las comarcas agrícolas de Lleida y de los temporeros desde hace muchos años. 

A finales de mayo de ese año, coincidiendo con el inicio de la temporada, iniciamos las jornadas de grabación. Vamos juntando días para el reconocimiento del terreno, buena parte de las jornadas las empleábamos en buscar restos de asentamientos, para intentar ilustrar el paso de los trabajadores migrantes y las huellas que dejaban en el territorio. 

Recorrimos muchos kilómetros en busca de imágenes que no siempre encontrábamos, piensa también que somos un equipo de dos personas y sin una productora detrás, pero lo que encontrábamos evidenciaba que el tema requería de una profundidad y dedicación que no podíamos cumplir en una sola campaña. 

Por todo ello, al acabar el verano de 2018 y con él la temporada, vemos que el documental reclama más tiempo de grabación y así continuamos haciendo un seguimiento intermitente y grabando hasta septiembre de 2019. 

En vuestro trailer habláis de temporeros sin presente y payeses sin futuro, ¿cómo ha sido vuestro acercamiento a unos y a otros?

Para nosotros son los primeros eslabones de una cadena de precariedad e injusticia y por eso queríamos poner el foco en ellos. Por una parte, desde hace ya mucho tiempo, el campo se viene nutriendo de mano de obra migrante, personas venidas de Africa en su mayoría y cuya situación, irregular en muchos casos, les aboca a no tener más alternativa que este tipo de trabajos, en los que el salario neto está en los 5€ por hora

Los agricultores, por su parte no pueden pagar más a los temporeros porque ellos están vendiendo su fruta por debajo del precio de coste

Los datos que hemos consultado hablan de que les cuesta 45 céntimos producir un kilo de melocotones, por ejemplo, y muchas veces lo acaban vendiendo a 20 o 25 céntimos. El problema es que quien marca los precios son las grandes cadenas de distribución.

Desde las primeras reuniones para preparar el proyecto sabíamos que no queríamos un documental hablando de temporeros sino un documental en el que hablaran los temporeros. Llegamos a plantearnos la posibilidad de que ellos mismos grabaran imágenes y generasen su propio material, pero no fue posible. 

En general nos costó bastante, no tanto acercarnos a ellos, sino que quisieran dar testimonio a cámara o abrirnos las puertas de su realidad diaria. En general les preocupaba que sus familias pudieran llegar a ver en qué circunstancias estaban en Lleida o que su testimonio les perjudicase a la hora de encontrar nuevos trabajos. Fueron muchas las conversaciones fuera de cámara que aunque no han podido integrarse en el documental, nos ayudaron a entender todos los problemas a los que se enfrentan estos trabajadores. 

Respecto a los payeses, el acercamiento fue más sencillo y lo que vimos en general fue una situación de hartazgo y de sentimiento de abandono por parte de la administración.

En el tema de la fruta hay más partes implicadas, ¿habéis preferido dejarlas fuera del documental? 

Se trata, como decíamos antes, de una cadena que empieza en el agricultor y acaba en el ciudadano en tanto que consumidor final. 

El modelo agrícola imperante hoy en día antepone el beneficio a corto plazo de quienes están entre medias, es decir, los mayoristas, las grandes cadenas de distribución, los supermercados… 

Nosotros hemos intentado hablar y grabar en las instalaciones de tres de las grandes empresas frutícolas de la zona y las tres de una manera más o menos directa nos han dado largas. 

Así mismo, y como entendemos que es un tema que tiene implicaciones laborales y sociales hemos entrevistado a sindicalistastrabajadores socialesconcejales de asuntos sociales y alcaldes de los pueblos con mayor presencia de temporeros. 

Ha sido en el proceso de montaje cuando nos hemos dado cuenta de que incluirlos en nuestro relato nos sacaba de la linea narrativa principal, que es la que forman las historias de los trabajadores de la fruta. 

¿Cual es exactamente la relación que tiene vuestro trabajo con el libro de Francesc Serés «La pell de la frontera»?

El libro de  Serés es ineludible a la hora de abordar este tema y por eso desde el principio del proceso tuvimos presente, como un mapa, una brújula con la que guiarnos, no solo geográficamente, por el paisaje que después recorreríamos. 

Serés empezó a escribir el libro hace más de 10 años pero lo que él describe tiene una vigencia terrible, además de que él es de Zaidín uno de los pueblos de la Franja de Ponent – entre Cataluña y Aragón – que hemos recorrido en nuestro rodaje y eso le permitió moverse más fácilmente sobre el terreno y llegar a sitios donde nosotros no hemos llegado. 

Fue viendo el material de las primeras grabaciones cuando nos planteamos incluir fragmentos del libro en el montaje. Nos pusimos en contacto con él y le propusimos que además fuera su voz la que apareciera en el documental. 

Su colaboración ha sido indispensable para que «El cost de la fruta» sea lo que es. Hay que decir que no es un documental sobre «La pell de la frontera» o la versión audiovisual del libro, es una continuación del mismo tema, narrativamente diferente pero con nexos evidentes. En vez de esconder esos nexos, los hemos sumado a la historia. 

¿Hasta qué punto os ha afectado la crisis sanitaria del COVID?

Este es un proyecto autoproducido en el que las decisiones y los tempos los hemos marcado nosotros, pero también hemos ido avanzando en los huecos que hemos ido encontrando entre nuestras trabajos, ubicaciones y horarios diferentes. 

Teníamos el montaje bastante avanzado cuando se decretó el estado de alarma pero hemos tenido que editar gran parte del material en la distancia, con las complicaciones que conlleva. 

Esta crisis también ha dado al traste con nuestros planes de distribución, ya que queríamos preparar proyecciones por salas y de momento eso tendrá que esperar. 

Ahora mismo lo intentamos suplir con un preestreno online el 5 de junio y por supuesto intentando que pueda verse en el máximo de festivales y, tal vez en un par de meses, quitarnos la espinita y poder proyectarlo.

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