jueves, 30 de mayo del 2024

Misión ébola (IV)

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Ricard Mitjana Solé
Ricard Mitjana Solé
Militar expulsado por denunciar irregularidades del E. A.
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¡¡¡Últimos trámites y a casa!!!

Después de unas merecidas horas de descanso, quedaban realizar los últimos “protocolos” de una misión novedosa para el Ejército del Aire, y casi suicida por la ya mencionada falta de conocimiento sobre las actuaciones concretas, y como se ha sabido más tarde a través solicitudes de información al Ministerio de Defensa, de la falta total y absoluta de médicos especialistas en enfermedades tropicales, en plantilla.

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Después de realizar la desinfección primero con el material según establece la instrucción general (por la noche) y después en colaboración con la empresa civil que trataba los residuos biocontaminados, y de prácticamente un día en Torrejón, regresamos a Zaragoza.

A la llegada varios de los tripulantes expresamos al comandante Vaquero, nuestro malestar por no realizar una cuarentena, esto son los 21 que se suponían de incubación de la enfermedad, después de haber estado expuestos a la enfermedad del Ébola, pero lo curioso del caso es que nos dieron con una “misión cumplida”, la preceptiva palmadita en la espalda y para casa.

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Probablemente esta situación no hubiese pasado desapercibida para mí, sino fuese porque ese mismo fin de semana empecé a sufrir un cuadro de fiebres altas que no remitían, compartiendo la mayoría de síntomas de aquella enfermedad, dolor muscular, estaba como se dice “hecho un trapo”.

Llame rápidamente al oficial de servicio, el capitán Ferrer, para ponerlo en su conocimiento y seguidamente al Servicio Provincial de Zaragoza, al teléfono que nos proporcionaron y que supuestamente estaban alertados. Cual fue la sorpresa de que en aquella centralita la operadora lo único que me aconsejó fue que ¡¡¡¡me personara en Hospital Clínico de Zaragoza!!!! No salía de mi asombro, y pensaba “le acabo de decir a esta señora que he estado muy cerca de un contagiado de Ébola, ¡¡¡¡¿¿¿y me dice que vaya a un hospital???!!!!, después de exponerle el caso en repetidas ocasiones y contarle la misión, por fin me transfirió la llamada con un médico, a día de hoy, no tengo claro si lo entendió.

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La cuestión es que el medico solo me monitorizó telefónicamente cada seis horas, más o menos, después de todo el fin de semana en cama, me recuperé y fui a trabajar normalmente.

Pero las sorpresas, como es costumbre en el Ejército del Aire, no habían terminado todavía, ese mismo lunes se realizó una conferencia con toda la tripulación, no faltaron las risas burlonas de parte de la tripulación que ya conocían el fin de semana que había pasado; y ahora sí, con una representación de médicos de la UMAAD de Zaragoza, casualmente el jefe de esa unidad “había comido con el Consejero de Sanidad” y le había felicitado porque los servicios médicos civiles que nos “prestaban apoyo” tenían todos los protocolos previstos en caso de alerta.

Al final resultó que ni el Jefe del Ala 31, el coronel (entonces) Ezpeleta había sido informado de mi percance, se enteró casi quince días después en el velatorio de un compañero, y encima ¡¡¡¡era yo el que no había llamado!!!!

Años después he tenido acceso al informe realizado por la Unidad Médica encargada de realizar los vuelos de repatriación, la UMAER, me decepcionó bastante, ya que en esa evaluación de las misiones relacionadas, en el apartado de conclusiones realizan un alegato de autocomplacencia arrogándose méritos, “…la UMAER como unidad operativa y el Ejército del Aire, mientras los demás preparaban, ya estaban allí, trabajando in situ,”, era mas cuestión de seguridad que de llegar el primero a la meta.

Un acto de excesiva tolerancia con un mando que no les dotó los medios más adecuados para realizar la misión con unas garantías de seguridad mayores, sin embargo, por su entrega supieron suplir con solvencia. Un informe tibio en las formas y en el fondo, reconociendo “la improvisación” por las “lecciones aprendidas” pero a su vez colgándose la medalla de “…estamos preparados para evacuar enfermos de estas características…”.

Lo siento, pero NO, no estábamos preparados, ni material ni personalmente.

Lo cierto es que más allá de todas las vicisitudes, ME SIENTO ORGULLOSO DE HABER PARTICIPADOD EN ESA MISION.

VOLVERIA A REPETIR.

Quiero terminar esta historia con uno de los artículos de las Reales Ordenanzas de las Fuerzas Armadas, que más me gustan:

“Artículo 19 Dedicación del militar

Ejercerá su profesión con dedicación y espíritu de sacrificio, subordinando la honrada ambición profesional a la íntima satisfacción del deber cumplido. Deberá tener amor al servicio y constante deseo de ser empleado en las ocasiones de mayor riesgo y fatiga.”

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