viernes, 19 de agosto del 2022

Misión del ébola (I)

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Ricard Mitjana Solé
Ricard Mitjana Solé
Militar expulsado por denunciar irregularidades del E. A.
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Los días previos a la misión que ya se rumoreaba se iba a realizar y el Ala 31 estaba de reserva, por si el Airbús del Ejército del Aire no podía ejecutarla, todo eran nervios e incertidumbre, otro fin de semana que no se iba a disfrutar, pensaban algunos, mi único pensamiento, (aun sabiendo lo poco probable de ser uno de los integrantes de aquella tripulación, ya que había más Supervisores delante mío en las listas y con mayor experiencia), es el de cualquier militar que quiere estar en todas y cada una de las misiones que se le encomienden a su Unida, «YO QUIERO IR».

Yo estaba centrado en la organización de una comida familiar que costó organizar cerca de un año, tíos, abuelos, padres, sobrinos y todo el resto de personas queridas a las que no has visto en mucho tiempo y solo quieres abrazar y poder charlar con ellos los pocos minutos que te regala la oportunidad.

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Pero el viernes ya estando de viaje hacia esa reunión, saltó la noticia, en una llamada incierta del Oficial de servicio, con más dudas que órdenes y que no dejaba nada claro cómo se llevaría a cabo la primera y única misión del Ala 31 repatriando a un enfermo de la terrible enfermedad, el Ébola. A la espera de la llamada que confirmase que tenía que volver a la Base para preparar el avión en mi función de Supervisor de Carga, e iniciar la misión, junto con otra compañera de Tropa.

¡Por fin! sobre las cinco de la tarde sonó el teléfono con la esperada llamada. Otra aventura en mi palmarés que me iba a poner a prueba como militar y como profesional, seguro de todo lo que había aprendido de dos de los mejores Supervisores del Ala 31 (Rafael y Alfajeme), no solo por los conocimientos técnicos que consiguieron que aprendiese, sino por la aplicación del sentido común que en esa misión me haría falta aplicar, a buen seguro, debido a la falta de preparación que tiene el Ejército del Aire en ese tipo de misiones.

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Una vez en Zaragoza y ya con el avión cargado con lo imprescindible y alguna cosa más, partimos hacia la Base Aérea de Torrejón de Ardóz, donde nos esperaban los integrantes de la UMAER. Con el avión T-10-01, una aeronave que cuenta con una mayor capacidad de carga de volumen, y que a priori iba a permitir crear compartimentos para separar al enfermo del resto de componentes de la misión, compartimentos que conseguimos crear con imaginación, plásticos, cuerdas y una buena dosis de sentido común. Ahora con los años es como si hubiese tenido en aquel momento una vuelta a los años de la infancia, donde con un par de simples palos creabas un mundo lleno de posibilidades.

En la preparación del avión en Torrejón se dieron anécdotas curiosas, no obstante, el Hércules no es un avión preparado para ese tipo de misiones concretas, por lo que todo se tenía que improvisar, ahí es donde el sentido común y la competencia profesional se empezaban a postular como las habilidades que debería utilizar. La primera propuesta «INSÓLITA”, vino de la mano del entonces Jefe de la UMAER, «Vamos a forrar por dentro el avión con film transparente». En ese momento me sentí como aquel que descubre que es víctima de una cámara oculta. ! ¿Como es posible que a este señor se le ocurra semejante barbaridad?!, solo se me ocurrían varios motivos por los cuales «no le entraba ni un pelo a martillazos por el culo» (utilizando jerga militar) a un oficial al proponer semejante disparate, para un avión que está diseñado para la guerra.

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Entiendo que la presión del momento era tal y el efecto de la gravedad de las directrices en el Ejército tan grande, que no permiten que las ideas fluyan de manera lucida, toda vez que las ordenes venían directamente del Ministro Morenés.

La siguiente fue la colocación de la estación de soporte vital en la que se debería transportar al enfermo, tan solo con la colaboración de la Cabo Primero de la UMAER, que era la que controlaba todos los aparatos y la disposición que debían llevar, y de una larga conversación en la que cada uno de nosotros expuso las limitaciones y conveniencias, tanto del equipo como del avión, determinamos cual iba a ser la ubicación menos critica para el enfermo. Una ubicación un tanto impuesta por el comandante de la Tripulación, en la que mostré mi desacuerdo (por motivos que explicaré en otra entrega).

Así por fin con el avión preparado, comenzamos la misión de casi 36 horas.

Continuará…

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