sábado, 13 de agosto del 2022

A la mierda, váyase usted a la mierda!

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Y pueden darse todos por aludidos, o casi todos. Porque lo vivido en el Congreso de los Diputados durante los últimos días, las últimas horas me ha dejado sin palabras, me ha obligado, directamente, al exabrutpo. A la salida de tono de un grande entre los grandes, de un actor mayúsculo: Fernando Fernánde Gómez, que estoy segura de que se habría exasperado igual que yo, no sólo ante lo visto y oído sino, sobre todo, ante quien osa cualificar de “teatro” o de “farsa” el bochorno de la Investidura. El teatro, la farsa, el esperpento, hasta el culebrón es algo mucho más digno y más serio que el reality-espectáculoque nos hemos tragado durante casi tres días y, total, para quedarnos como estábamos, en funciones.

Desconozco los índices de audiencia de las distintas cadenas que han retransmitido el magno evento, pero teniendo en cuenta la precarización laboral que caracteriza nuestro país, imagino que la mayoría sólo habrá tenido tiempo para los titulares de tuit o de tertulia. Los más afortunados, aquellos para los que julio sigue siendo mes de vacaciones, intuyo que, como mucho, lo suyo habrá sido la televisión sin sonido en el chiringuito de playa. Y en mi caso, y como mi caso el de tantos, el debate me ha pillado mirándolo de reojo mientras teletrabajaba a contrareloj para cumplir objetivos, esperando la carta certificada de Hacienda concediéndome un aplazamiento del pago trimestral del IVA y haciendo encaje de bolillos para poder dedicarme a mí misma tres días aprovechando el festivo de Agosto.

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Así que, insisto: A la mierda, váyanse ustedes a la mierda! Y estoy segura de que hablo en nombre de  cualquiera de los tres supuestos que acabo de plantear. Ya lo decía el portavoz de ERC, Gabriel Rufián, los ciudadanos no estamos en su “burbuja”, nos la suda Chomsky, pero no somos gilipollas. No entendemos nada, es verdad, pero no porque seamos cortitos, sino porque tenemos más sentido de Estado, más pudor y más responsabilidad que las señorías a las que ingenuamente les hemos otorgado nuestros votos.

Ahora mismo ya no sé ni atribuir la autoría, pero quizá ha sido una de las frases más realistas de todo este fiasco: La izquierda pierde aún cuando gana. El 28 de abril dijimos alto y claro que teníamos miedo a la extrema derecha y creímos que los partidos que sumaban para librarnos de ella habían entendido el mensaje y se comportarían en consecuencia. En un claro ejemplo de esa “burbuja” de la que hablaba Rufián, Pedro Sánchez se marcó una réplica entre lo insultante o lo naíf, aún no sé cómo definirla, y argumentó que el 28 de abril, el alto nivel de participación casi sin precedentes que se produjo tuvo que ver con “la ilusión, con las ganas de cambio, con el nuevo tiempo que él representaba”, no con la excepcionalidad que suponía la posible entrada de la ultraderecha, ya no en las Cortes, sino directamente en el Gobierno.

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¡¡¡¡Paren máquinas!!! Grité yo desde mi casa. Si ese es el análisis de la realidad con el que juegan los socialistas a la hora de negociar con Podemos o con quien sea, está claro que han sobrado muchas horas de metraje. Pero aunque esta perla fue de las buenas, fueron varias las ostras que poblaron los mensajes, tantas que el resultado, de no ser joya, sólo podía ser el de la intoxicación. Intoxicación de medias verdades, de egos, de cinismos, de filtraciones, de matonismo y de falta de pudor.

Ay Señor Borrell ¿quién se lo iba a decir? El “payaso” independentista, el “radical” de las “impresoras” dando lecciones a diestro y siniestro de altura política, de conciliación, de talante; dejando boquiabierta hasta a la caverna más caverna, incapaz de afearle nin un gesto, mientras usted mascaba chicle y gesticulaba amenazante evidenciando ante Europa la #marcaEspaña que va a representar y que, supuestamente, Rufián pretende romper.

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Quizás fue uno de los momentos en los que sentí más vergüenza ajena. Aunque es difícil elegir. Pillé el debate justo cuando actuaba Pedro “el mendicante”, pidiendo una surrealista abstención a PP y Ciudadanos poniendo morritos a lo Kortajarena, algo que al actor a lo mejor le podría haber funcionado, porque cachondo está un rato largo, pero a nuestro Sánchez… dejémoslo en guapo resultón y pasemos palabra. A Albert Rivera creo que le voy a perdonar la vida, alguien escribía en un tuiter que estos días se debió de pegar un maratón de La Casa de Papel, que acaba de estrenar temporada, y quizás de ahí tanta Banda, botín y léxico similar. Es lo que tienen el amor y la enfermedad, entendámoslo. Que estuvo malito cagándose por la pata –gastroenteritis en fino- y fue esa indisposición la que nos permitió ver, por fin, su “Love” con Malú. Y cuando uno está malo y enamorado pues eso, se queda en casa viendo series, no preparando debates.

De Pablo, qué decir de Pablo. Que ser de los mejores oradores no lo convierte en buen político, eso para empezar; y, para continuar, decir que, incluso, como orador, tiene el mismo defecto que un portavoz que conocí muy de cerca y que tenía la mala costumbre de cargarse en segundos de réplica una intervención perfecta. A Pablo se le calienta la boca a la misma velocidad que se le va encrespando el pelo, y si arrancó diciendo verdades como puños y didáctico como el buen profesor universitario que debe ser, terminó embarrando el campo al desvelar punto por punto el proceso de negociación, secreto hasta el momento. Y abrió la veda. Que me van a perdonar todas las lloronas del famoso documento filtrado por Vicepresidencia, supuestamente manipulado,y todas las plañideras de otras cuitas durante las horas que se sucedieron entre un debate y otro, porque el que esté libre de pecado que tire la primera piedra.  

También fue un desliz de libro referirse a las áreas que le ofreció el Psoe como materias, ministerios, competencias “decorativas”. Algo así como las asignaturas “marías” que tanto solemos despreciar y que suelen ser vitales para el desarrollo de una sociedad sana y educada en valores. Otro de sus grandes errores fue tropezar en la misma piedra, con algo más de sutileza, pero la misma piedra. Primero los nombres, primero los puestos y después, si eso, el resto. Y ahí está la maldita hemeroteca, ante quien pretenda acusarme de mirarlo con malos ojos. No digo con esto que, aún planteando la negociación con el orden de los factores debido, la intención de Pedro Sánchez fuese pactar pero… al César lo que es del César.

Dicen que aún pueden quedar para Septiembre. Previo un agosto de reflexión, claro, cura de heridas, cicatrización… eufemismos todos de, “venga, que ya estamos a día 25 y vamos con retraso en eso de las vacaciones a costa de quienes nos han votado”.

¿Saben que les digo yo? Sí, eso mismo, que por mi parte:

A LA MIERDA, VÁYANSE USTEDES A LA MIERDA!

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