sábado, 13 de agosto del 2022

“No mienta”, la frase más escuchada en el debate para elegir al futuro Presidente del Gobierno, da poca credibilidad a los candidatos españoles

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Josep Herrera
Josep Herrera
Periodista Journalist Press                                                                                                                                                                             diariolasrepublicas@gmail.com
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Como algo premonitorio de lo que es y será la política a nivel estatal, el último debate antes del 28-A acerca a la política española a una suerte de trumpificación. La acusación de ‘mentir’ una y otra vez, al estilo Trump, no deja bien parada a la clase política actual.

En el bazar de compraventa de ilusiones políticas, los dos debates organizados para las elecciones generales de 2019 vienen a cristalizar la degradación de la vida pública de los últimos meses: “No mienta”, pronunciada por unos y otros, fue la frase más repetida de ayer noche.

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Eso dificulta la gobernabilidad: el noble arte de gobernar depende hoy más que nunca de la habilidad de formar y mantener coaliciones, y esas alianzas no son siempre posibles. Holanda pasó cuatro meses sin Gobierno en 2010. El caso de Bélgica fue aún peor: 541 días de parálisis.

En España van tres elecciones generales en cuatro años. “Un poco menos de sobreactuación y un poco más de sosiego”, pidió un Iglesias que fue, con diferencia, el más templado de la noche.

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Catalunya vuelve a ser el epicentro de la elecciones

La derecha, en su papel intransigente contra Catalunya, dominó el último y definitivo debate mucho más que el primero; fue en el eje catalanofóbico de sus discursos donde puso más énfasis.

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Esto obligó a Pedro Sánchez a negar y renegar de Catalunya airadamente, sacándole de sus casillas por ello, tantas veces como fue necesario. Pese a ello, el gran rival a batir de las ‘derechitas’ salió de nuevo airoso mientras bromeaba de sus rivales y de sus “primarias de la derecha”.

Enfrascado en un choque desmedido con Albert Rivera, Pablo Casado no logró en casi ningún momento centrarse en el cruce con Sánchez. De nuevo, fue Rivera el que sacó más de quicio al presidente, pero esta vez recibió muchos más golpes. Sin duda, el templado Iglesias ganó puntos.

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