miércoles, 07 de diciembre del 2022

El derecho a la autodeterminación de los pueblos ibéricos

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Gemma Lapedriza
Gemma Lapedriza
Editora de Las Repúblicas. Detallista y creativa, descubrir las nuevas tendencias en comunicación y diseño mueve mi espíritu inquieto; por eso participo activamente en el desarrollo de proyectos.
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El mundo institucional del Estado español se desborda y la movilización social se consolida como alternativa a un modelo de Estado y un Gobierno central incapaces de dar respuesta a las demandas de la sociedad.

Pese al éxito de la jornada histórica del referéndum de autodeterminación del 1-O, autoorganizado pacífica y democráticamente, la cara más oscura del Estado español se pudo ver a través de las indiscriminadas cargas de la Guardia Civil y la Policía Nacional contra la población civil que se encontraba de manera pacífica defendiendo las urnas y el derecho a votar; derecho que recogen todas las democracias y que en España no solo se intentó vulnerar sino que hubo una actuación policial absolutamente desproporcionada y humillante, que dejó más de 1000 heridos a su paso.

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En respuesta a este acontecimiento, el 3 de octubre las calles de Cataluña se llenaron de sindicatos, colectivos libertarios, movimientos sociales, republicanos, independentistas y no independentistas, juntos para defender la dignidad de Cataluña ante la brutalidad de las fuerzas del Estado español. De este espíritu de unidad popular nace una voluntad política mayoritaria de defensa de los derechos civiles y la democracia, en contra de la represión y el autoritarismo que desde ese momento no se ha parado de ejercer de manera continuada.

Las elecciones del 21-D no fueron unas elecciones normales, puesto que los partidos de un sector ni siquiera tenían a sus cabezas de lista presentes (estaban en prisión o en el exilio político) para hacer la campaña electoral en un mínimo marco de normalidad democrática. Así y todo, los partidos a favor de la ruptura con el resto del Estado obtuvieron de manera clara la mayoría absoluta en el Parlamento de Cataluña.

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La falta de una respuesta política ha provocado una profunda crisis entre una Cataluña que reclama la libertad, la democracia y un país mejor, frente a un Estado profundamente antidemocrático que niega cualquier vía de diálogo e intenta alterar los resultados obtenidos en unas elecciones a través de la judicialización de la cuestión catalana.

Esta judicialización ha consistido en no permitir la investidura de tres candidatos propuestos por un determinado sector, a quienes por tener una determinada ideología se les impidió ejercer su derecho al sufragio pasivo y consecuentemente al sufragio activo del sector al que representan, encarcelando o provocando su exilio a través de delitos inexistentes.
El clima de máxima tensión que se está viviendo en Cataluña –que ya ha provocado que haya centenares de personas y cargos públicos citados por la justicia (con el fin de meter miedo), registros en domicilios y entidades que apoyan esta ideología y represión en las calles– confirma que nos encontramos ante un escenario de ruptura con el régimen del 78 y del Estado español a través de la construcción de la República Catalana y el derecho a decidir de los pueblos ibéricos. Un escenario que cualquier proyecto de cambio social real tiene que evaluar como una oportunidad.

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Ante esta realidad social y política, necesitamos dotarnos de apoyos que nos permitan articular alternativas de país, construidas desde abajo y con pleno respeto a la libertad de decidir de los pueblos de la península ibérica, inclusive su derecho a la autodeterminación. Hay que abstraerse del falso dilema entre independentistas y no independentistas, republicanos y no republicanos, y englobar en un proyecto compartido sentimientos nacionales diferentes bajo un objetivo común: la ruptura con el corsé del 78 para un empoderamiento real, contra el autoritarismo y la represión.

Ante esta situación, creemos que es urgente una herramienta de cambio social que se configure de la manera más transversal posible con el objetivo de englobar a la mayoría de la ciudadanía para defender y denunciar conjuntamente los hechos que hemos ido describiendo anteriormente. La monarquía ha sido la institución perfecta para consolidar la actual democracia de baja intensidad. Sin abolir la monarquía no es posible superar el franquismo que aún hoy permanece vivo, como muestra la regresión muy notable de nuestros derechos políticos y civiles.

Las Repúblicas (en plural) son la única forma de poder llegar a una democracia realmente avanzada y excluir de forma definitiva el régimen dictatorial del estado en que nos encontramos. La República Portuguesa, como ejemplo de superación de una dictadura, es el ejemplo idóneo para el resto de los pueblos ibéricos que necesitan revelarse ante esta monarquía fósil heredera de Franco. Tendámonos la mano con el objetivo de empezar a andar juntos y estar a la altura de esta demanda que cada vez será más mayoritaria.

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