Carta abierta al personal sanitario

Pongan fin al maltrato a los pacientes no vacunados

Hace un par de días recibía un audio triste y desesperado de una buena amiga, enfermera en un hospital de Cataluña, que me explicaba el dolor que estaba sintiendo cada día que tenía que ir a trabajar.

Ella, que no se ha vacunado, me comentaba cómo lleva todo este tiempo sin haberlo reconocido entre sus compañeras y compañeros. Ni se lo plantea a tenor del comportamiento que me relata. Me explicaba cómo son los protocolos cuando una persona necesita ser atendida, se le hace una PCR y da positivo. Todo lo que se requiere para la profilaxis y todo lo que supone a nivel organizativo. Y me decía, con un tono de voz que mostraba su evidente dolor, que sufría al observar el trato que se dispensaba por sus compañeras y compañeros a los pacientes que decían no haberse vacunado. Según me explicaba, los tratan mal, incluso a veces se les habla en tono despectivo o se les hacen comentarios inaceptables. Esto, a los pacientes. A las espaldas de los pacientes los comentarios son todavía peores.

Esta amiga me trasladaba el desgarro que para ella, su vocación y su ética profesional suponía estar viendo esto continuamente.

Lo que me cuenta esta amiga catalana, me lo confirma otra que trabaja en Madrid. Me dice que el odio que hay por parte de buena parte del personal sanitario es «una aberración».

Tengo otra amiga, médico de la sanidad pública en Castilla La Mancha. Ella tampoco se ha querido vacunar contra el coronavirus. Mes tras mes he visto cómo se ha sentido presionada, cuestionada, cuando era una de las profesionales más queridas por sus compañeros y pacientes. Una médico involucrada en la salud, no solo de quienes acudían a su consulta sino de todo su entorno. Ella siempre dispuesta a responder a quien sea, a sacar tiempo para atender las consultas de familiares, amigos, amigos de amigos y de quien sea. Una mujer que no ha dejado jamás de estudiar y de preocuparse por los avances de la medicina. Pues bien: la persecución que está sufriendo, el ataque contínuo, han mermado en algunos momentos sus ganas de seguir trabajando como siempre.

Publiqué en twitter lo que me comentaba mi amiga catalana. Algunos lo ponían en duda, por aquello de «tengo una amiga». Pero la gran mayoría de los comentarios que fueron llegando, confirmaban haber vivido situaciones, como pacientes, realmente preocupantes y degradantes. Y esto ha hecho que algunos usuarios me hayan hecho llegar sus relatos personales.

Insultos, maltrato, humillaciones incluso desatención a pacientes por el hecho de no vacunarse. Incluso en algunos informes redactados se llega a poner que la persona es «negacionista» o «antivacunas». Ya hay denuncia, de al menos un caso, presentada por abogados y publicada en redes sociales.

Me llegan relatos estremecedores de hospitales de distintos lugares de España donde, según lo que me cuentan sanitarios angustiados, ven cómo sus compañeras y compañeros maltratan a los pacientes. Me llega un caso incluso de un sanitario que ha decidido tirar la toalla, no por la carga de trabajo, sino por las aberraciones que está viendo y que nadie denuncia.

Yo, desde aquí, pido públicamente que se abran las investigaciones pertinentes. Que se pongan las denuncias correspondientes. Que los pacientes no aguanten ni una agresión más de ningún tipo.

El personal sanitario no puede maltratar a los pacientes que, en base a su derecho a elegir si se someten a un tratamiento o no (del tipo que sea), tenemos el mismo derecho a recibir una atención sanitaria de calidad.

Espero que se tomen medidas. Que se investigue. Que se establezcan protocolos de vigilancia porque esto que les digo está sucediendo. Y debemos denunciar.

En esta carta abierta, pongo de manifiesto mi rechazo a este tipo de comportamientos. Una llamada a la reflexión y sobre todo, una llamada a los pacientes y a sus familiares, para que en el momento que detecten este tipo de comportamientos, así como a los sanitarios que los observen, lo denuncien. Es lo que tenemos que hacer.

No digo que esto pase de manera generalizada. Pero está pasando. Y no se puede consentir. Son, afortunadamente, muchos los sanitarios que se dedican en cuerpo y alma a sus pacientes. Doy fe. La gente que conozco y que me hace llegar su pesar, sufren porque ven actitudes incorrectas. Pero por desgracia estas actitudes se están dando en demasiados casos. No deberían darse nunca.

 

 

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