Ni rastro de García Lorca: buscando respuesta en Europa

El abogado Eduardo Ranz ha presentado hoy una denuncia ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos

Hoy se cumplen 85 años del asesinato de Federico García Lorca. Hijo de familia adinerada y siempre comprometido por luchar por los más desfavorecidos. Federico se peleaba por criterios de humanidad, de dignidad: para los gitanos, para los negros, para los homosexuales, para los pobres. Reflejaba a través de sus obras la realidad que la élite de la que él provenía no quería saber nada.

Él era Federico, se le hacía raro «ser Lorca«. Decía Jorge Guillén que cuando estabas con Federico, no hacía ni frío ni calor, «hacía Federico«. Todo se impregnaba de su forma de ser, de su energía, de su sensibilidad y sencillez.

Nadie pudo escuchar su voz, aunque gracias al homenaje realizado por Televisión Española, han conseguido descifran las palabras que supuestamente dijo antes de una representación teatral.

Federico nació en Granada, en Fuente Vaqueros, el 5 de junio de 1898. Fue asesinado en algún lugar entre Víznar y Alfacar, en Granada, el 18 de agosto de 1936. Sus restos aún no han sido encontrados.

El poeta de mayor influencia y popularidad de la literatura española del Siglo XX, y uno de los máximos referentes de dramaturgia, fue asesinado por los golpistas nacionalistas españoles, liderados por Francisco Franco, un mes después de lo que algunos hoy siguen considerando «el Alzamiento Nacional«.

Hijo de hacendado y maestra de escuela, a los once años llegó a vivir a Granada. Allí estudiaría piano con Antonio Segura Mesa, cuando le interesaban más las notas y las partituras que los versos y las letras. Llegó a tocar por primera vez una pieza de Manuel de Falla compuesta para Carmen García-Trevijano. 

Estudiaría en 1914 en la Universidad de Granada, comenzando las carreras de Filosofía y Letras y Derecho. Allí comenzó a rodearse de perfiles intelectuales, y pronto sus letras comenzarían a cobrar vida, con su primera obra en prosa «Impresiones y paisajes», una antología sobre reflexiones políticas y estéticas en 1918.

Un año después de su primera publicación la mayoría de sus amigos se mudaron a Madrid, y gracias a la ayuda de Fernando de los Ríos, muy amigo de sus padres, consiguió convencerles para trasladarse también a la capital. Se instaló en la Residencia de Estudiantes hasta 1926, donde conocería a Luis Buñuel, Rafael Alberti o Salvador Dalí, quien lo consideró su «amor erótico».

En 1927, en el mes de diciembre, se reunió junto a varios poetas españoles en Sevilla, en un acto organizado por la Sociedad EConómica de Amigos del País, lo que dió lugar a la llamada «Generación del 27». En este momento Federico reconoció haber vivido una de las crisis más hondas de su vida, momento en el que publicó obras como Canciones y Primer romancero gitano. Estaba incómodo en este momento porque se le vinculase demasiado con la cuestión gitana, tal y como él relataba en una carta a Jorge Guillén, y se encontraba además en un momento en el que no quería ser encasillado. Necesitaba sentir libertad en el bache también provocado por su separación de Emilio Aladrén, escultor con el que había mantenido una relación sentimental.

La «guinda» de su situación emocional la pusieron sus amigos Buñuel y Dalí, cuando expresaron públicamente sus opiniones sobre el Romancero Gitano. No supusieron un obstáculo para Federico, que continuó trabajando aunque en 1929 la dictadura de Primo de Rivera comenzó a censurar sus obras.

Ese mismo año hizo su primer viaje a Nueva York, junto a Fernando de los Ríos, una de las experiencias más útiles de su vida, según el propio Federico. Allí estuvo hasta que en 1930 hizo las maletas rumbo a Cuba donde estuvo unos meses para llegar de vuelta a Madrid en junio de ese año.

En 1931, con la llegada de la República, puso en marcha con Eduardo Ugarte, La Barraca. Una compañía de teatro con la que pudo representar las principales piezas del Siglo de Oro, hasta que en 1936 representaron la última función en el Ateneo de Madrid. Un año antes, en 1935, Federico ya estaba señalado como un intelectual contrario al nacionalismo español, y su homosexualidad, abierta y reconocida, comenzó a usarse como arma contra él.

Federico estaba en el punto de mira, y sus propios colegas temían por su seguridad ante las distintas amenazas que recibía. Llegaron incluso a plantearle el exilio ante el riesgo que sufría, pero lejos de aceptarlo, regresó a Granada a ver a su familia. Este último viaje de Federico tuvo lugar el 14 de julio de 1936.

El alcalde de Granada era el cuñado de Federico, Manuel Fernández-Montesinos: fue arrestado el día 20 de julio de 1936 cuando la guarnición militar se sublevó y un mes después, el 20 de agosto, fue fusilado.

Al hacer este viaje a Granada, prefirió alojarse en casa del poeta Luis Rosales, donde se sentía más seguro, aunque los hermanos de Rosales pertenecían a Falange.

Sus precauciones no fueron suficientes, y la Guardia Civil se presentó en el lugar el 16 de agosto para detenerle tras la denuncia presentada contra él. Queipo de Llano dió la orden: «Dale café, mucho café». Acusaban a Federico de ser espía de los rusos, haber sido secretario de Fernando de los Rios y de ser homosexual.

No fue hasta 1983, cuando Eduardo Molina Fajardo, en el libro «Los últimos días de García Lorca», cuando se supo de la existencia de un informe policial firmado en 1965 por la tercera brigada regional de investigación social de la Jefatura Superior de Policía de Granada. En este informe se afirma que Federico habría confesado sus delitos, pero no sabe cuáles.

El día 18 de agosto de 1936, hace hoy 85 años, Federico fue asesinado. Sin embargo todavía nadie ha dado con sus restos mortales. Marta Osorio publicó en 2015 un libro donde se apunta a la posibilidad de que los restos mortales de Federico fueran trasladados, o bien a otro lugar cercano, o a Madrid.

De las 708 fosas comunes que se han encontrado hasta ahora en Andalucía, 110 están en Granada. En ellas habría más de once mil personas enterradas.

Fueron cuatro las personas asesinadas junto a Federico: entre ellas, Dióscoro Galindo, maestro cuya nieta no ha conseguido encontrar aún. Por eso ha recurrido ante la justicia europea, después de que el Tribunal Constitucional no admitiera la solicitud para la exhumación.

El abogado de la familia del maestro, Eduardo Ranz, ha abierto hoy esta vía ante la justicia europea con el objetivo de denunciar la vulneración del derecho a la tutela judicial efectiva de la nieta de Galindo, que también afectaría al de la familia de los demás asesinados y aún no hallados.

 

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