Jorge Fernández Díaz y sus exorcistas

El exministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, ha sido citado a declarar como imputado del caso Cocina, pero ahora que empieza su particular purgatorio, a algunos medios se les ha ido la olla, con informaciones sobre sus particulares creencias religiosas, a tal punto que más parece un sujeto pendiente de un juicio divino, a alguien que en sus deberes como ministro presuntamente transgredió impunemente nuestro marco legal.

Si el señor exministro tuvo su  epifanía particular, que lo llevó a afiliarse a la Secta del Opus Dei, y que entre el obispo de Hipona y monseñor Escrivá, debate sus afanes devotos del poder y nombramientos de carguitos, la cosa no nos debe trascender, salvo que de sus creencias se derivasen comportamientos que vulnerasen la ley.

Creía más serios algunos medios y periodistas, que han derivado al personaje de don Jorge a sus creencias más íntimas, por más que haya hecho pública ostentación de ellas. A mí, al menos, me interesaba el sumario dónde está inmerso, en el que se apunta a la flagrante comisión de uno o varios graves delitos de altos ex miembros del gobierno y del PP, la certeza de sus aseveraciones, la pena que les pudieran imponer si se demostrasen los hechos, y el recorrido judicial que se pudiera avecinar. En la garantía que podamos tener los españoles, sobre la capacidad de nuestro sistema de sancionar tan horripilante quebrantamiento de la legalidad por unos servidores públicos.

También me pudiera interesar una síntesis crítica y veraz, de las acciones del gobierno del exministro en sus competencias de Interior: garantizó más nuestra seguridad, protegió mejor el marco constitucional, consiguió éxitos tangibles en la lucha contra el narcotráfico, las mafias ilegales instaladas en España, lucha contra la violencia, mejoras en los cuerpos de la seguridad nacional, amén de caso Cocina y las intrigas de Villarejo más acólitos, ha servido para algo más que para sospecha y mofa la llamada policía patriótica. Quizás estas cosas bien analizadas, más la casuística que aportan, debieran ser más razonables al lector, que la letanía de su devocionario personal.

Pero siempre me queda la cuestión, ya que  don Jorge sentía que nuestra patria estaba siendo atacada por el diablo, entremetido en muchas manifestaciones que rompen nuestra armonía y devenir histórico, si debiera haber sacado a concurso un número de plazas de exorcistas, ahora que al Vaticano le importa Satanás un bledo y los ha mandado al paro.

Curro Flores

 

 

Salir de la versión móvil