Un desgobierno perdido en una tormenta anunciada

El actual Gobierno de España formado por PSOE e UP, ha demostrado, desde el minuto uno, estar superado por la realidad, y en verdadero estado de parálisis ejecutiva. Está fuera de juego, tomando decisiones erróneas, tardías e ineficaces que están constado muchas vidas. Vamos se han visto y se ven superados por los acontecimientos desde antes del inicio de la pandemia, a pesar de las serias advertencias que nos llegaban desde China, y las medidas radicales que tomaban.

Así, no hace mucho, menos de un mes, según informaba la Agencia EFE el 25 de febrero, el Ministro de Sanidad, Salvador Illa, decía de forma textual “los tres casos de coronavirus son «importados» y no hay acreditada la transmisión del virus en España” hay que ser atrevido e irresponsable para comunicar esto con lo que ya sabían del Covid-19 y su rápido contagio. Al mismo tiempo, Fernando Simón calló, o fue un negligente e incapaz de anticiparse al panorama en el que actualmente se encuentra España, y que era fácil de deducir por lo que se vivía en otros países, como Italia o Corea del Sur, al comentar, en la onda del Ministro Illa «Existe una probabilidad de infección muy bajo», y resaltaba que, por otro lado, que desde el Gobierno se creía que «España iba a tener, como mucho, algún caso diagnosticado con una transmisión limitada y controlada». Desde luego unos verdaderos Nostradamus. Esto se podría tomar a broma, si no fuera por la descomunal desgracia en la que estamos, las tremendas pérdidas de vidas humanas, coste económico y pérdidas de puestos de trabajo que están produciéndose. Trágica tragedia, que hace que, lo de “unos hilillos” de Mariano Rajoy quede como un chiste.

A los que nos gusta navegar a vela, sabemos lo que significa la frase “cuando pienses en rizar, riza” sabemos lo que es intentar adelantarse a las tormentas, a no perder el control del barco, prevenirse para las peores circunstancias y, sobre todo, no perder el rumbo. Para ello tenemos los radares, cartas y los partes meteorológicos. Solo hay que estar atentos a ellos para saber si debes capear o correr el temporal. Si no has estado atento, el temporal te pillará y debes capearlo con medios y experiencias, si lo intuyes te dará tiempo a escapar del mismo.

Pongo este ejemplo porque por desgracia para todos, este actual Gobierno de navegación, de Gobierno (de un barco) ha demostrado no tener la menor idea. Cuando en China, Corea e Italia ya te estaban enviando el parte meteorológico de lo que estaba sucediendo, el Gobierno (de un barco), en vez de salir zumbado del temporal, cerrando fronteras y ciudades con un mayor número de entradas de turismo como Madrid, Barcelona, Málaga y las islas, haber mirado a China y ordenar el cierre de colegios, Universidades y un largo etcétera de decisiones duras, pero efectivas tal como se observaban en China, aquí se decidió hacer un “Rajoy” por lo de los hilillos.

Es mucho más grave la falta de actitud para el Gobierno (de un barco) de la que podamos entender desde la mínima lógica, pues a primeros de marzo, cuando ya era más que evidente que el temporal te alcanzaba, y que tendrías que capearlo, se miraba a otro lado, se seguía sin cerrar ciudades, sin cerrar fronteras, se permitían macro manifestaciones como las del 8 de marzo, o macro mítines como el de VoX en Vistalegre. Un desastre de Gobierno (de un barco) que, sabiendo que tenía la tormenta encima, fue incapaz de rizar velas y ponerse a la capa a luchar contra los vientos y las olas que comenzaban a zarandearte como un corcho perdido en medio de la tormenta perfecta.

Conmigo han navegado muchos amigos, y saben que lo mejor que hay que hacer cuando se anuncia una tormenta y te llaman a refugio, es coger y poner rumbo al primer puerto seguro, amarrar bien el barco y esperar a que la tormenta pase. Si por el contrario sabes que no podrás huir de la misma, prepararte para que, cuando te pille no te hunda y salgas de ella con el barco en las mejores condiciones para poder seguir navegando.

Por desgracia, el Gobierno (de un barco) no ha sabido correr el temporal, ni prepararse para el mismo, perdiendo tiempo que hoy sabemos que cuesta y costará vidas, no me canso, ni cansaré de repetirlo. Si en vez de dedicarse a hacer un “Rajoy” intentando meter la cabeza en el agujero como los avestruces ante el peligro, lo hubiesen afrontado de forma clara, valiente y eficaz, hoy estaríamos en otra posición. Si se hubiese afrontado, y se hubiese puesto a la industria nacional a fabricar equipos de protección, respiradores, reforzar el sistema publico de sanidad y todo aquello necesario, hoy estaríamos salvando muchas vidas. Han sido, son unos irresponsables al frente del Gobierno (de un barco).

Irresponsables por no decir la verdad, por no actuar a tiempo, por no tomar decisiones inaplazables, por falta de talla como estadistas y como Gobierno (de un barco) y, lo peor de todo, por estar en medio de la tormenta, y no tener ni la menor idea de cómo salir de la misma. Los hospitales se quedan sin equipos de protección, sin respiradores. Las medidas de confinamiento son una broma de mal gusto, las medidas de desinfección tardías, y la descoordinación campea a sus anchas. Son las empresas las que se están ofreciendo a fabricar mascarillas, guantes, gafas, las que se están comprometiendo a fabricar respiradores, y las personas, las que están en casa solucionando el problema del contagio desde su responsabilidad y ejemplar comportamiento ciudadano, días antes que se le ocurriera ordenarlo al Gobierno (de un barco).

El barco, digámoslo ya, se llama España, y saldrá de estas, porque los pueblos que la componen, las gentes que la hacen posible están hechas del mejor roble posible, y forjadas en mil y una batalla, acostumbrada a salir adelante a pesar de sus pésimos gobernantes a través de los milenios de historia que contemplan a la península en su conjunto.

Esa es mi única esperanza de volver a puerto tras la tormenta. Saber que la tripulación del barco sabe navegar sin nadie en el puente que les Gobiernen, que saben rizar velas, como capear el temporal sin perder el rumbo, mientras el Gobierno de barco, decide en la camareta de oficiales, copa en mano, si se ponen el traje azul, o el blanco para estar más guapos en la foto.

Pedro I. Altamirano

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