El huevo o la gallina

¿Qué va antes: crear un nuevo sistema, con nuevas reglas, para poner en marcha proyectos diferentes o dar una batalla ideológica mucho más lenta y dentro de un marco tramposo e imposible de vencer? Dicho de otro modo: ¿están por encima los principios ideológicos de proyectos de país, o primero hay que generar un contexto donde se puedan hacer realidad los ideales?

Este es el debate que se ha dado, de fondo, en las últimas elecciones en Cataluña. La confrontación dentro del independentismo pone de manifiesto la vía lenta que propone ERC, ampliando la base por el sector ideológico de la izquierda, lo que conlleva: pretender convencer a perfiles de Comunes y PSC de que una república catalana llegará poco a poco, de que una República es la culminación de un proyecto de izquierda. La visión de aporta Juntos por Cataluña plantea que primero hay que establecer unas reglas del juego y un sistema democrático limpio para garantizar después que haya pluralidad de opciones.

Las dos líneas son interesantes. Las dos son óptimas. Las dos tienen aciertos y las dos tienen pegas.

La línea de Juntos por Cataluña amplia la base del independentismo apelando a los demócratas: y predica con el ejemplo, entendiendo que, en la República Catalana que quieren construir, han de participar todos para sentar las bases. Por eso, precisamente, las listas las conforman perfiles variados y muchos de ellos, provenientes de la izquierda militante. El riesgo que tiene esta opción es que, básicamente, se pondrán de frente los más reaccionarios; se desatarán las iras y pasará todo lo que estamos viendo. Te acusarán de despertar al fascismo, y lo harán precisamente los de la izquierda guay que no ha tenido valor de mojarse. Esos con los que ERC quiere ampliar la base.

Y es que precisamente sumar es fundamental. No cabe duda. Y para hacerlo es necesario acercar posiciones: uno tendrá que subir un peldaño y el otro tendrá que bajarlo.

Me parece correcto y sano en democracia. Los sectarismos en definitiva son el origen de todos los males en política. Y en este sentido, es preciso entender que puestos a sumar y a generar cordones sanitarios, bien parece que a ERC le han obligado desde filas socialistas a renegar de Puigdemont. A pintar el discurso de izquierda, para así rebajar tensión.

Y parece que ERC baila bien en este contexto: hablando en términos de derechas e izquierdas, en lugar de hablar de democracia y régimen.

Superado este «obstáculo», Sánchez anima ahora a Ciudadanos para bailar allí donde el PSOE necesita apoyos. Se trata, en definitiva, de mezclarse en la tibieza, pensando que así se gana estabilidad.

Nada como polarizarlo todo (aunque sea a través de relatos falsos), para luego ofrecer la solución cual panacea. No está mal pensado: la cuestión es que no te confundas y trates de pactar con quien en realidad pretenda destrozarte. O sea: el PSOE a ERC, y Ciudadanos al PSOE. ¿Se acuerdan de los ejercicios en el colegio del pez que se come a otro pez?

Pues miren ahora el mapa y observen qué lobos se disfrazan de corderos: es sencillo. Cuando se cambia el discurso sin dar la cara, hay que estar alerta.

Y es entonces cuando hay que plantearse: ¿cuál es el objetivo de cada cual? ¿Hay un proyecto más allá de unas siglas o el objetivo es la supervivencia dentro de un establishment? ¿Es primero el huevo o la gallina?

Bea Talegón

Exit mobile version